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Critica Social y Política Internacional
Reflexión que también vale para el año que viene
0Niño Jesús secuestrado.
0Copio y Pego
0Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
La deuda pública acumulada por los países de la Eurozona es impagable. Ha alcanzado un nivel que los Estados no podrán pagar. Esto aplica prácticamente a todos los países, pero muy en especial a los países antes llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain), y ahora GIPSI (con el añadido de Italia). En todos ellos la deuda pública está por encima de los niveles permitidos en el Tratado de Maastrich, que estableció las condiciones que los países debían seguir para entrar y permanecer en el euro.
Frente a esta situación deberían hacerse dos preguntas. Una es ¿cuál es la consecuencia de que los Estados no paguen la deuda? Y la otra, ¿debería pagarse tal deuda? En realidad, los Estados no deberían pagar la deuda, incluso en el caso de que pudieran hacerlo, pues esta deuda es exagerada y la cantidad de intereses que se ha forzado a los Estados a pagar para poder conseguir dinero, es decir, para que la banca comprara bonos públicos del Estado, es artificialmente alta e inmoral. Y digo inmoral porque esta exigencia de que los Estados paguen intereses altos se basa en que ha sido la propia banca, a través de su lobby, el Banco Central Europeo, la que ha creado la situación intolerable en la que los Estados no tenían otro remedio para conseguir dinero que pagar tales intereses exageradamente altos, pues el Estado no podía pedir prestado dinero del BCE (mientras que los bancos sí que podían). Es como si una persona robara dinero a otra y luego tuviera la osadía de prestarle el dinero robado (porque no había dinero disponible de ninguna otra fuente) a la persona robada, a unos intereses elevadísimos. El ladrón robaría dos veces a la persona robada. Esto es lo que la banca ha hecho. Ha eliminado el instrumento que los Estados tenían para protegerse de la especulación de sus bancos, y así han conseguido intereses de los bonos altísimos (ver mi artículo “La estafa de la deuda pública” en El Plural, 29.11.12)
Por otra parte, es importante que se informe a la ciudadanía que los Estados pueden conseguir recursos y que pueden conseguirlo sin necesidad de endeudarse. La negación de esta posibilidad justifica las políticas de austeridad y los recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social. Ahora bien, los Estados tienen enormes recursos que no se están tocando. Por ejemplo, si analizamos la propiedad pública que cada uno de estos Estados tiene, la cantidad total representa muchas veces el valor de la deuda pública. Y éste es el filón de oro donde los acreedores, es decir, los bancos, quieren meter mano. Tales Estados deberían resistirse a ceder a esta demanda, pues una vez vendida tal propiedad, ya no tienen donde apoyarse en el futuro.
Existe, sin embargo, una enorme propiedad privada que se ha ido incrementando y concentrando durante estos hechos de recesión, cuando las desigualdades de renta y propiedad han crecido exponencialmente, es decir, muy rápidamente. Así, en Italia, el país de los GIPSI que tiene mayor deuda pública (la OCDE calcula que en 2013 será un 122% del PIB) tiene nada menos que en propiedad privada en inversiones y tierra el 377% del PIB, en inversiones financieras el 237% de PIB, y así un largo etcétera. Stefan Bach, en un interesante artículo, “Capital Levies – A Step Towards Improving Public Finances in Europe”, en Social Policy Journal calcula que un incremento de un 5% de los impuestos sobre tal propiedad privada podría conseguir el equivalente al 15% del PIB, medida que, a la vez que contribuir a reducir las desigualdades, disminuiría su enorme deuda pública. No se conocen estudios semejantes en España pero es probable que las cantidades fueran muy semejantes.
Otra área de ingresos son las rentas originadas del capital, invertidas en actividades especulativas a través de la banca. Incluyo en esta categoría la huída de capitales a paraísos fiscales u otros países, distinta a los de los depositarios. Incluso el Banco Mundial, un organismo de clara orientación conservadora, ha documentado en todos los países de elevada deuda los fondos depositados en el extranjero, que en cada uno de estos países representa una cantidad mucho mayor que el tamaño de la deuda pública (ver el libro Debt, the IMF and the World Bank. Monthly Review Press 2010, escrito por Eric Toussaint y Damien Millet).
España, uno de los países con mayores desigualdades de la OCDE puede y debe conseguir fondos de aquellos que se beneficiaron más de los años de bonanza. Dinero lo hay con gran abundancia entre las grandes fortunas, las grandes empresas y la banca (que ha recibido fondos públicos por una cantidad equivalente nada menos que al 10% del PIB). El problema es que el Estado no los recoge. Influenciado por las grandes fortunas, por las grandes empresas y por la banca, el Estado prefiere endeudarse, beneficiando a la banca, a la cual se le paga más adelante los intereses elevadísimos, con dinero público. Un escándalo.
RT desde Londres
0Un pueblo gobernando por psicópatas y delincuentes violentos…
0Las palabras de Gallardón justificando la forma en la que el gobierno ha indultado a los cuatro policías condenados por torturas, me han erizado los pelos del cogote. El hijo de las cien mil millones de perras rabiosas, por no llamarle algo peor, se ha quedado tan pancho, con la solo excusa de que el indulto es una figura contemplada en la legislación, y que el gobierno la ha usado cuando ha creído conveniente ¿Conveniente? ¿Indultar a cuatro torturadores es conveniente? Me gustaría que Gallardón me expusiera un solo caso en el que esto es conveniente.
A nos ser que la escoria degenerada que representan esos cuatro individuos sea exactamente igual que el propio Gallardón, con la misma catadura moral, no consigo encontrar una empatización creíble con la causa de los condenados.
Pensamientos impuros sobre España
0¿Hacia donde vamos? Es una pregunta que llevo demasiado tiempo haciéndome. Hace años sospeché la respuesta. Pero aun me faltaban datos. Solo me basaba en conjeturas, en suposiciones y análisis subjetivos. Hoy las noticias son demasiado apabullantes para obviar la realidad. El pueblo español perdió su soberanía justo en el mismo instante en que la trama político informativa nos convenció de que era bueno para nosotros firmar los tratados europeos, anexionarnos a la moneda única y desregularizar todo el sistema financiero.
Ahora los españoles no tenemos control sobre el valor de nuestro billete, no podemos devaluarlo, no podemos actuar sobre los mercados y las garras de los grandes bancos sujetan a la casta política tan fuerte, que ya ni tan siquiera celebran un pleno sin consentimiento de la misma. Solo haría falta una llamada de teléfono desde las cloacas del mundo financiero para que las sesiones del parlamento se suspendieran hasta nuevo aviso. ¿Lo dudan?
Se han liquidado nuestras grandes empresas, vendiéndolas a poderosos grupos empresariales. La energía, que puede desquiciar la inflación de un país, está en manos privadas, tan opaca que ni tan siquiera existen auditorías al respecto de los costes reales de producción, pero sin embargo nuestro Estado acepta humildemente los datos que las compañías les ofrecen. La banca pública fue dilapidada y utilizada para el enriquecimiento y la promoción de políticos corruptos. Los sectores estratégicos, como las telecomunicaciones, fueron regalados a precio de costo. Todas y cada una de nuestras grandes empresas públicas le fueron arrebatas al pueblo con peregrinas excusas de insostenibilidad. ¿De verdad hay alguna empresa privada que compraría algo ruinoso? La cuestión es que los ciudadanos españoles cada vez son más pobres y más dependientes de terceros.
Le toca el turno a la educación, a la sanidad, a los servicios de aguas, a la justicia. Los pilares del Estado se están desmontando a toda máquina. La gente lo acepta con resignación, empujadas por el miedo, por los falsos análisis que definen nuestra situación como una crisis, cuando en realidad estamos ante la mayor operación fascista de la historia de la humanidad. Lo que no consiguieron las armas en la segunda guerra lo conseguirán los índices de deuda. El plan es casi perfecto. Algunos flecos están aun suelto, como los medios de comunicación libres (y sí, me refiero a la red Internet) Pero para eso inventaron historias de miedo, que han llevado a los personajes mediáticos a defender leyes restrictivas de contenido, como la de Propiedad Intelectual, SOPA Y ACTA, que en realidad solo pretende ejercer un control absoluto sobre un entorno que se les escapa de la manos. Los poderes fácticos necesitan borregos, necesitan gente desinformada, incultivada, involucionada. Y para ello tiene que cortar las sinapsis que mantienen unidos nuestros cerebros. La red Internet es el eslabón perdido.
Es evidente que nuestros políticos han dejado de servir al interés nacional. Primero está defender el futuro del partido, su perduración en el tiempo, que paradójicamente está ligada a base de deudas extremas con los poderes financieros. Por lo tanto ya no actúan como representantes del pueblo, sino como lobbys empresariales, como topos que se han colado en el engranaje de la administración pública, ejecutivos pagados por grandes firmas. No se equivoquen. En el parlamento no hay políticos, sino siervos de la banca y el gran capital.
El Estado Español está a un paso de convertirse en una megaempresa de servicios accesible solo para los ricos, con una fuente inagotable de mano de obra barata, y la seguridad represora de las mercenarias fuerzas policiales para casos de rebelión obrera.
Falta muy poco. Lamentablemente, si el plan de los abyectos financieros no lo torcemos, pronto será imposible resolverlo con la paz. Arderán las calles, correrá la sangre, y otra vez se repetirá la historia.
En tu mano está evitarlo…
Mario López Sánchez
Vocal de Piratas de Extremadura

